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Cómo funciona el cerebro y su interacción con el cuerpo

Cómo funciona el cerebro y su interacción con el cuerpo

Si suenan alarmas y alguien grita ¡fuego! De inmediato nos levantamos, el corazón comienza a latir fuerte porque señal amenaza ha activado el hipotálamo, lugar del cerebro que gestiona glándulas suprarrenales y se activan dos hormonas: adrenalina y cortisol y dos mecanismos de supervivencia: lucha y huida. La taquicardia hace llevar más sangre y oxígeno a los tejidos y músculos para poder pelear y correr; la glucosa y las grasas se movilizan. Necesitamos integrar el cerebro, cuerpo y las hormonas.

Ambas hormonas inhiben varias funciones del cuerpo no tan necesarias ahora: no puedo pensar bien porque la corteza prefrontal que se encarga de razonar y buscar soluciones a los problemas ha bajado su capacidad, baja la capacidad de concentración porque el hipocampo que es la zona donde se almacenan los recuerdos es hipersensible al cortisol y falla la memoria.

Cerebro, cuerpo, hormonas y el comportamiento

¿Qué pasa si estoy preocupado constantemente? La mente y el cuerpo no distinguen una amenaza real de una imaginaria. Si estoy en casa y comienzo a pensar obsesivamente si mi hijo habrá tenido un accidente; si no recibo un dinero que estoy esperando urgente… puede desencadenarse algo similar a lo del fuego.  El 90% de las cosas que nos preocupan no llegan a suceder pero la mente y el cuerpo lo pueden vivir como si fuera real induciendo un estado de alerta y la intoxicación de cortisol nos hace entrar en el sistema nervioso simpático de forma mantenida.

Es importante conocer las nociones básicas de cómo funcionamos como seres individuales y cómo funciona esta interacción cuerpo y mente para entender lo que me está pasando. Comprender es aliviarse, lo contrario nos hace esclavos de los síntomas físicos y psicológicos porque en muchos momentos somos lo que pensamos, los pensamientos generan emociones que impactan en el cuerpo y en concreto nos permitirían desarticular esta intoxicación.

La intoxicación de cortisol puede generar cambios a tres niveles, físicos:  opresión en el pecho, dificultad para respirar, problemas gastrointestinales,  musculatura tensa; contracturas si haces movimientos bruscos; cuerpo pesado o rígido; alteración en funcionamiento de estrógenos progesterona y testosterona; en el sistema inmunológico, en stress puntual el cortisol es antiinflamatorio pero en este caso se disocia esta relación y comienza a inflamar; gastritis; colon inflamable; caída del pelo al inhibir la recuperación del folículo piloso; dermatitis con arrugas y manchas.

Es importante conocer lo básico del sistema gastrointestinal ya que tiene impacto directo en lo que pienso y siento, es llamado segundo cerebro porque está rodeado de una potente red neuronal; arterias y venas que llevan a las células lo que como y adentro, los intestinos con vellosidades donde se absorben los nutrientes y la macrobiota, conjunto de microorganismos y bacterias que ayudan en la absorción: si tengo un problema importante en el  trabajo o familiar es probable que las tripas envíen una señal de que algo serio está pasando.

A veces lo que comemos produce heridas y a través de ellas entran cosas en la sangre que no deberían. El filtro intestinal se daña, el cuerpo se intoxica y son causa de enfermedades neurológicas o neurodegenerativas. Si la microbiota se fermenta origina gases que producen hinchazón y dolores en el abdomen. ¿Cómo saber si estoy inflamado? Ver si en las encías sale sangre al cepillar los dientes. Las tripas hinchadas: fijarte cómo te sienta lo que comes.

Cerebro, cuerpo, hormonas y las emociones

En el nivel psicológico el primer impacto es la irritabilidad, saltar a lo mínimo ya que la alerta nos hace más vulnerables y susceptibles. No duermes bien porque estado alerta impide sueño profundo, no se descansa de verdad y al darle vueltas en el subconsciente a los problemas te despiertas preocupado y con sensación de agotamiento. La tristeza y apatía -que puede inducir depresión nerviosa- por mucha tensión fisiológica y la mente luchando un tiempo largo.

La amigdala es la zona donde están las emociones, tiene conexión con el hipocampo que gestiona los recuerdos, ansiedad, angustia y cómo reaccionamos. Su secuestro es la respuesta automática de la mente ante algo grave que sucede y con una reacción desproporcionada. Si hay un recuerdo que no está bien archivado y vuelves a algo relacionado con ese recuerdo la reacción de la amigdala es muy fuerte y se puede crear un bucle explosivo.

Es importante conocernos a nosotros mismos, ¿cómo soy yo? Si mi forma de ser es: tímido, sensible, impulsivo, obsesivo, perfeccionista, le doy muchas vueltas a todo, desconfiado, muy dependiente de las opiniones de los demás, inseguro. Hacer diagnóstico de cómo reaccionamos ante situaciones de ansiedad y pánico. Cuáles son los factores que me estresan y me ponen en modo alerta, pueden ser personas, recuerdos de momentos o circunstancias.  Facilita ver cómo se transforma la personalidad ante el estrés. El sensible se convierte en persona muy vulnerable a si está bien o angustiada. El tímido se bloquea, el impulsivo se vuelve más agresivo; el que da vuelta a as cosas se pone más obsesivo y entra en pensamientos de bucle. El perfeccionista siente insatisfacción vital porque nada está a la altura de lo que quiere.

Si tienes problemas de espalda en situación de estrés será la primera señal. Visión borrosa o problemas en la piel lo somatizas a nivel neurológico y si te tiemblan los párpados o se te duermen las manos vas a entender mejor el funcionamiento de esta conexión. En estos momentos hay que tratar de vivir en situaciones antinflamatorias: cuidado con lo que comes pero sin obsesionarse, con conocimiento de lo que nos sienta bien y mal. Comer lo mejor posible, que la chatarra sea la excepción y no la regla, Si duermo mal es más probable que todo se descompense y el buen sueño repara la mente y el sistema inmune. Evitar cenas pesadas y mucho alcohol. Horas ante la pantalla afecta la generación de melatonina y el sueño.

Vías de escape

Tener vías de escape sanas para los momentos de estrés: el ejercicio evapora el cortisol. La respiración profunda oxigena el cerebro y viene la calma. El mindfullness o atención plena permite conectar y tener conciencia de uno mismo: lo que siento, cómo me siento, las sensaciones que llegan … buscar otros mecanismos que nos ayuden.

Educar también la voz interior para apoyar no para hundir. Pregunta: ¿cómo me trato yo? De las personas con las que me rodeo, ¿algunas me pueden meter en estado de alerta? No estamos diseñados para vivir en el sistema simpático de forma constante, moderadamente ayuda a ser más eficiente pero mantenido hay peligro de enfermarse. Salir pronto de él y pasar al parasimpático donde hay reflexión, relajación, conexión con uno mismo y los demás y así recupero mi cuerpo y mente.

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Por: Vicencio González

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