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El auge del video vertical: los microdramas chinos (II)

Las críticas: máquinas tragaperras y porno “soft”

Mientras algunos se pliegan –o buscan cómo plegarse– a esta lucrativa tendencia, hay otros que resisten por motivos distintos. Casi nadie duda del poder adictivo de unos vídeos diseñados específicamente para atrapar al espectador y obligarle a ir pagando para desbloquear capítulos. El que las cuotas sean pequeñas o se acepten monedas digitales y otras formas de pago solo habla de un umbral de entrada bajo y de un mecanismo muy parecido al de los juegos de azar o las máquinas traganíqueles. Psicólogos y educadores advierten, por su parte, del nefasto efecto de este consumo sobre la atención, especialmente entre los más jóvenes.

No pocos profesionales de Hollywood tachan directamente estas piezas de basura barata y hablan además de un contenido sexista y que fomenta los estereotipos de género

También se resisten las distribuidoras tradicionales, que ven cómo sus películas son sustituidas por vídeos de bajísimo nivel de producción, interpretación y guion. No pocos profesionales de Hollywood tachan directamente estas piezas de basura barata y hablan además de un contenido sexista y que fomenta los estereotipos de género.

La productora británica Nadine Marsh-Edwards reconoció, en un evento reciente sobre series, su desolación por la ínfima calidad de los microdramas: “Estamos yendo hacia atrás. He hecho un análisis profundo y tengo que decir que estoy genuinamente impactada por la representación de mujeres y hombres. Son títulos de porno blando. Me preocupa que estén reforzando algo que está muy presente en este momento, donde algunos hombres intentan recuperar un poder de hace siglos. Y hay mujeres jóvenes que lo están aceptando. Tenemos que estar muy atentos a lo que está pasando”.

Además de la calidad narrativa, se resiente la calidad audiovisual. Producir una serie completa cuesta entre 14.000 y 300.000 dólares (unos 200 a 4.000 dólares por episodio): un coste prácticamente irrisorio para los estándares audiovisuales. Además, existen estudios en Asia, y cada vez más en Latinoamérica, que pueden producir una temporada completa en dos semanas por 14.000 dólares. El uso de la IA –cada vez más presente en estas producciones– ha terminado de reventar las costuras. Ya no hace falta pagar a actores, ni a guionistas: pueden producirse series completas por menos de 400 dólares.

China: formatos vendo que para mí no quiero

De todas formas, probablemente la cuestión más curiosa de la expansión de los microdramas es el papel de China y su Gobierno, porque, mientras exportan el formato y se enriquecen a costa de él, lo someten a una férrea censura en casa.

A principios de 2023, las autoridades chinas retiraron 25.300 series y eliminaron más de 1,3 millones de episodios por contenido sexual, violento o vulgar. Un año después, volvieron a regular los microdramas, en este caso, los llamados romances de CEO (un género omnipresente y de mucho éxito). Son relatos protagonizados por empresarios multimillonarios que se enamoran y casan con chicas huérfanas y pobres. En su explicación, el gobierno advertía que era necesario evitar la glorificación del triunfo económico, el materialismo, la ostentación, el hedonismo o el afán de casarse con ricos y poderosos. Se llegaba incluso a señalar la conveniencia de no utilizar el término “ejecutivo dominante” en el título. Estas medidas podrían parecer un meme, pero lo cierto es que un número considerable de estos dramas cuentan historias de mujeres que hacen lo imposible por encontrar un marido rico. Antes de encontrarlo, o después, otro hombre o el mismo les hace la vida imposible. Lo dicho: toxicidad en vena.

En su afán de regular estas producciones, la NRTA (Administración Nacional de Radio y Televisión China) introdujo en el año 2025 la obligación de obtener licencia para publicar estas series y una revisión previa del contenido, especialmente si se aborda alguna cuestión política, militar o religiosa. Ese mismo año, incorporó el etiquetado obligatorio de IA: los microdramas realizados con inteligencia artificial debían señalarlo expresamente. A comienzos de 2026, una nueva directiva prohibió que los niños interpretaran roles de adultos y exhortó a las aplicaciones a proteger a la infancia, cuidando las temáticas de las microseries infantiles y evitando la explotación de los actores más jóvenes

Toda esta tutela y este despliegue legislativo son sospechosos en un país que, por otra parte, está tratando de expandir su formato al mundo y ganando mucho dinero con ello.

China no solo es la cuna de los microdramas: también es el país que más ha estudiado el efecto que los vídeos verticales pueden tener en los usuarios y el más consciente de que no todo es tan inocuo, entretenido y simple como parece.

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